
Un troyano es un tipo de software malicioso que se presenta como si fuera legítimo. En vez de dañar de inmediato el aspecto o funcionamiento de tu sistema, los troyanos se infiltran en los dispositivos bajo la apariencia de aplicaciones confiables y luego ejecutan en secreto actividades como el robo de información o la toma de control. En el entorno Web3, los troyanos suelen asociarse a wallets de criptomonedas, extensiones de navegador y páginas falsas de airdrops, con el objetivo principal de apoderarse de activos digitales y controlar cuentas.
Por lo general, un troyano accede a tu ordenador o móvil a través de paquetes de instalación o plugins aparentemente inofensivos. Una vez instalado, puede registrar tus pulsaciones de teclado, modificar el contenido del portapapeles (por ejemplo, direcciones de wallet), secuestrar sesiones del navegador o engañarte para que concedas permisos avanzados a un smart contract malicioso. Estas acciones permiten a los atacantes iniciar transacciones en blockchain o cambiar los destinatarios de pagos sin que lo adviertas.
Los troyanos resultan especialmente peligrosos en Web3 porque la custodia de los activos recae en el propio usuario: las plataformas no pueden congelar fondos gestionados por tu clave privada en la blockchain. Si un troyano obtiene información sensible o te engaña para que concedas permisos excesivos, tus fondos pueden desaparecer en minutos.
A diferencia de las finanzas tradicionales, las transacciones en blockchain no se pueden revertir. Los troyanos pueden realizar transacciones no autorizadas, cambiar direcciones de destinatario o inducirte a firmar autorizaciones amplias que permiten a los contratos gastar tus tokens. Por la transparencia e inmutabilidad de la blockchain, recuperar activos tras un incidente es sumamente difícil.
Los troyanos se aprovechan del engaño y la confianza indebida para comprometer dispositivos. Los métodos de infección más habituales son:
Los troyanos atacan tanto la clave privada como el proceso de aprobación de tokens. La clave privada es la “clave maestra” criptográfica para controlar activos en blockchain, equivalente al PIN de una tarjeta bancaria pero como una larga cadena alfanumérica. Si se filtra, es prácticamente irremplazable. Cualquier persona con tu clave privada accede directamente a tus fondos on-chain.
Para obtener claves privadas, los troyanos pueden capturar la frase mnemotécnica que introduces al importar un wallet (una secuencia de palabras para recuperar el wallet), interceptar textos de claves privadas y archivos de respaldo copiados al portapapeles o extraer información directamente de las apps de wallet al abrirlas.
También explotan el proceso de aprobación de tokens, engañando a los usuarios para que concedan permisos a smart contracts maliciosos. Por ejemplo, en páginas falsas de DApp o mediante ventanas emergentes de extensiones de navegador falsas que solicitan firmas digitales. Si la autorización es demasiado amplia, los atacantes pueden gastar tus tokens sin necesidad de tu clave privada.
Un troyano es un programa oculto que infecta tu dispositivo y ataca datos y permisos locales. Por el contrario, el phishing suele referirse a sitios web o mensajes falsos que te engañan para que introduzcas información sensible o hagas clic en enlaces maliciosos.
Frecuentemente, estos ataques se combinan: páginas de phishing inducen a los usuarios a descargar herramientas o extensiones disfrazadas (troyanos), que luego permanecen en el dispositivo; o los sitios de phishing recogen frases mnemotécnicas mientras un troyano residente modifica el portapapeles, sustituyendo direcciones de retirada por las del atacante. Identificar sitios web falsos y mantener el dispositivo seguro son claves para la protección.
Aunque sutiles, existen indicios que pueden revelar actividad de troyanos en tu historial de transacciones, si sabes qué buscar:
Para minimizar las pérdidas por troyanos, es necesario combinar la seguridad de la plataforma y del dispositivo:
Recordatorio de riesgo: Ninguna medida de seguridad es infalible: utiliza almacenamiento por capas y realiza transferencias de prueba con pequeñas cantidades cuando muevas fondos importantes.
Si sospechas que un troyano te ha causado una pérdida financiera, actúa rápido y guarda todas las pruebas:
Para 2025, los troyanos serán más ligeros y multiplataforma, apuntando a extensiones de navegador, apps móviles instaladas lateralmente, herramientas de IA y ecosistemas de plugins de software de oficina. En vez de modificar archivos de sistema evidentes, recurrirán cada vez más a la ingeniería social y a permisos aparentemente inocuos para obtener acceso inesperado.
El secuestro del portapapeles y la ofuscación de direcciones seguirán siendo tácticas comunes: los atacantes pueden usar direcciones de wallet visualmente similares o intercambiar códigos QR. También se explotarán ataques a la cadena de suministro y mecanismos de actualización, disfrazando malware como “actualizaciones automáticas” enviadas directamente a los dispositivos de los usuarios.
En Web3, la estrategia central de un troyano es “entrar aprovechando tu confianza y explotar tus permisos para beneficio económico”. En vez de destruir el sistema de forma evidente, los troyanos cambian direcciones de retiro, roban frases mnemotécnicas o engañan a los usuarios para que otorguen aprobaciones, aprovechando transacciones irreversibles en blockchain para el robo.
Buenas prácticas:
Ninguna solución es 100 % segura: el almacenamiento por capas y conceder solo los permisos mínimos necesarios siguen siendo las mejores prácticas para la protección a largo plazo.
El término proviene de la historia de la antigua Guerra de Troya. Los griegos usaron un gran caballo de madera lleno de soldados como engaño; después de introducirlo en Troya como regalo, los soldados ocultos salieron de noche y tomaron la ciudad. Los virus informáticos modernos adoptan esta metáfora porque también emplean una “entrada engañosa seguida de sabotaje interno”: programas aparentemente inofensivos esconden código malicioso que causa graves daños al ejecutarse. La analogía resalta la naturaleza engañosa de los troyanos.
En la mayoría de los casos, los troyanos están diseñados para ser muy sigilosos en las primeras fases de infección, por lo que normalmente no muestran síntomas evidentes al principio. Con el tiempo, podrías notar un rendimiento más lento, bloqueos repentinos o picos inusuales de actividad en red. En el ámbito cripto este riesgo es mayor: los troyanos pueden monitorizar silenciosamente tus transacciones hasta detectar transferencias valiosas antes de lanzar el ataque. Es recomendable analizar regularmente los dispositivos con un antivirus fiable en vez de esperar señales claras de advertencia.
La primera defensa es descargar siempre software desde fuentes oficiales, como la web del desarrollador o tiendas de apps oficiales (Apple Store, Google Play), y evitar versiones crackeadas de terceros. Revisar los permisos solicitados es otra protección: si una app de calculadora pide acceso a tus contactos o fotos, es sospechoso. Para apps críticas (especialmente wallets y exchanges), consulta las reseñas de la comunidad o pruébalas primero en un entorno aislado. Gate también recomienda descargar solo apps oficiales para evitar versiones falsas.
Un troyano es una categoría general de malware capaz de causar diversos daños (robo de datos, vigilancia, puertas traseras). El ransomware es un tipo especializado de troyano que cifra tus archivos y exige un pago para su restauración. En resumen: todo ransomware es un tipo de troyano, pero no todos los troyanos son ransomware. En el entorno cripto, los troyanos que atacan wallets buscan el robo directo en vez de exigir rescate.
Aunque el código open source puede ser auditado por cualquiera, la mayoría de los usuarios no revisa cada línea. Los atacantes pueden ocultar lógica maliciosa en funciones aparentemente legítimas o introducir puertas traseras tras lograr una amplia adopción. Especialmente en Web3, bibliotecas de smart contracts open source populares pueden poner en riesgo a todos los proyectos dependientes si se ven comprometidas. Los usuarios deben ser cautos antes de integrar código de terceros y preferir proyectos con auditorías de seguridad reconocidas.


