Los números cuentan una historia convincente: los volúmenes de liquidación con stablecoins explotaron un 87% en 2025, alcanzando aproximadamente $9 billones. Esto no es especulación—es la realidad de cómo las principales instituciones financieras están reestructurando sus operaciones. Según el último informe Digital Finance Outlook 2026 de Moody’s, la infraestructura blockchain ya no es un experimento marginal, sino una capa operativa central que bancos, gestores de activos y proveedores de liquidación están implementando activamente.
Los bloques prácticos en construcción que toman forma
¿Qué significa realmente infraestructura blockchain en la práctica institucional? Es mucho más concreto de lo que sugiere la etiqueta. La industria financiera se está estandarizando en torno a cinco componentes clave:
Activos nativos digitales están redefiniendo los flujos de emisión. Los stablecoins regulados, anclados en efectivo y bonos gubernamentales, sirven como columna vertebral para las transacciones institucionales. Junto a ellos, depósitos bancarios tokenizados y valores financieros—bonos, fondos de inversión, instrumentos de crédito—se están creando y gestionando en registros distribuidos. Esto no reemplaza las finanzas tradicionales; proporciona una capa de ejecución alternativa.
Sistemas de liquidación y custodia son el segundo pilar. Las blockchains ahora gestionan el registro de propiedad y la finalización de la liquidación, mientras que plataformas de custodia de activos digitales de grado institucional protegen las tenencias con los estándares de seguridad que ofrecen los custodios tradicionales. Esta combinación permite pagos transfronterizos, transacciones de recompra, gestión de colaterales y redistribución de liquidez en tiempo real durante el día, a velocidades que los sistemas tradicionales no pueden igualar.
Automatización mediante contratos inteligentes acelera los procesos posteriores a la operación al codificar la lógica de liquidación directamente en el código de la transacción, reduciendo la intervención manual y los retrasos operativos.
Por qué las instituciones se están moviendo ahora
Las matemáticas de la eficiencia son convincentes. Al consolidar estas herramientas, las instituciones financieras logran tres objetivos simultáneamente: simplificar la emisión de instrumentos, optimizar las operaciones posteriores a la operación y acelerar la rotación de capital. La inversión proyectada de más de $300 mil millones en infraestructura digital hasta 2030 refleja una convicción institucional seria de que estas ganancias de eficiencia justifican los costos iniciales y la reestructuración operativa.
La implicación más amplia: la frontera entre las finanzas tradicionales e innovadoras se está estrechando. En cinco años, probablemente emerja un ecosistema institucional unificado donde la infraestructura blockchain y los sistemas convencionales operen como capas complementarias en lugar de alternativas en competencia.
La cuestión de seguridad que no desaparece
Las ganancias de eficiencia siempre conllevan riesgos inherentes. A medida que el valor financiero migra cada vez más a entornos digitales, tres vulnerabilidades se vuelven críticas: la resiliencia en ciberseguridad, la fiabilidad del código de contratos inteligentes y la robustez de la infraestructura de custodia. Una sola falla en cualquier capa podría desencadenar un efecto dominó en transacciones interconectadas.
Los participantes del mercado comprenden esto. La próxima fase de adopción de blockchain depende de tres requisitos previos: marcos regulatorios que admitan nuevos modelos de liquidación, compatibilidad técnica entre infraestructura basada en blockchain y la tradicional, y compromiso institucional con estándares de seguridad operativa que igualen la naturaleza crítica de la infraestructura del mercado financiero.
El análisis de Moody’s sugiere que 2026 será el punto de inflexión—no cuando la infraestructura blockchain se vuelva dominante, sino cuando se vuelva innegable como un elemento permanente en la forma en que opera la finanza institucional.
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Cómo las finanzas institucionales están construyendo su futuro sobre infraestructura blockchain
Los números cuentan una historia convincente: los volúmenes de liquidación con stablecoins explotaron un 87% en 2025, alcanzando aproximadamente $9 billones. Esto no es especulación—es la realidad de cómo las principales instituciones financieras están reestructurando sus operaciones. Según el último informe Digital Finance Outlook 2026 de Moody’s, la infraestructura blockchain ya no es un experimento marginal, sino una capa operativa central que bancos, gestores de activos y proveedores de liquidación están implementando activamente.
Los bloques prácticos en construcción que toman forma
¿Qué significa realmente infraestructura blockchain en la práctica institucional? Es mucho más concreto de lo que sugiere la etiqueta. La industria financiera se está estandarizando en torno a cinco componentes clave:
Activos nativos digitales están redefiniendo los flujos de emisión. Los stablecoins regulados, anclados en efectivo y bonos gubernamentales, sirven como columna vertebral para las transacciones institucionales. Junto a ellos, depósitos bancarios tokenizados y valores financieros—bonos, fondos de inversión, instrumentos de crédito—se están creando y gestionando en registros distribuidos. Esto no reemplaza las finanzas tradicionales; proporciona una capa de ejecución alternativa.
Sistemas de liquidación y custodia son el segundo pilar. Las blockchains ahora gestionan el registro de propiedad y la finalización de la liquidación, mientras que plataformas de custodia de activos digitales de grado institucional protegen las tenencias con los estándares de seguridad que ofrecen los custodios tradicionales. Esta combinación permite pagos transfronterizos, transacciones de recompra, gestión de colaterales y redistribución de liquidez en tiempo real durante el día, a velocidades que los sistemas tradicionales no pueden igualar.
Automatización mediante contratos inteligentes acelera los procesos posteriores a la operación al codificar la lógica de liquidación directamente en el código de la transacción, reduciendo la intervención manual y los retrasos operativos.
Por qué las instituciones se están moviendo ahora
Las matemáticas de la eficiencia son convincentes. Al consolidar estas herramientas, las instituciones financieras logran tres objetivos simultáneamente: simplificar la emisión de instrumentos, optimizar las operaciones posteriores a la operación y acelerar la rotación de capital. La inversión proyectada de más de $300 mil millones en infraestructura digital hasta 2030 refleja una convicción institucional seria de que estas ganancias de eficiencia justifican los costos iniciales y la reestructuración operativa.
La implicación más amplia: la frontera entre las finanzas tradicionales e innovadoras se está estrechando. En cinco años, probablemente emerja un ecosistema institucional unificado donde la infraestructura blockchain y los sistemas convencionales operen como capas complementarias en lugar de alternativas en competencia.
La cuestión de seguridad que no desaparece
Las ganancias de eficiencia siempre conllevan riesgos inherentes. A medida que el valor financiero migra cada vez más a entornos digitales, tres vulnerabilidades se vuelven críticas: la resiliencia en ciberseguridad, la fiabilidad del código de contratos inteligentes y la robustez de la infraestructura de custodia. Una sola falla en cualquier capa podría desencadenar un efecto dominó en transacciones interconectadas.
Los participantes del mercado comprenden esto. La próxima fase de adopción de blockchain depende de tres requisitos previos: marcos regulatorios que admitan nuevos modelos de liquidación, compatibilidad técnica entre infraestructura basada en blockchain y la tradicional, y compromiso institucional con estándares de seguridad operativa que igualen la naturaleza crítica de la infraestructura del mercado financiero.
El análisis de Moody’s sugiere que 2026 será el punto de inflexión—no cuando la infraestructura blockchain se vuelva dominante, sino cuando se vuelva innegable como un elemento permanente en la forma en que opera la finanza institucional.