Últimamente he estado reflexionando sobre una cuestión:
Si no se trata solo de escribir desde un escritorio, sino de votar en una reunión de directorio para mover ciertos activos regulados a la cadena, ¿en qué decisión clave se atasca la dificultad?
No es si la potencia de cálculo es suficiente. No es la cantidad de transferencias por segundo. Incluso no es la fortaleza de la criptografía.
Es esta frase: si surge un problema, ¿puedo asegurar con el pecho que esta opción es la correcta?
Cuando surge este pensamiento, la lógica de ciertos proyectos cambia por completo. En el mundo de las criptomonedas hay proyectos que intentan «reducir la dificultad de acceso», pero también hay otros que van en sentido contrario, y se centran en «reducir el coste de decisión». Suena como si fueran dos caminos diferentes.
El primero busca hacer la tarta más grande, para atraer a más personas a comerla. El segundo piensa: ¿cómo hacer que quienes deben ser responsables se atrevan a apostar? Y en el ámbito de los activos regulados, esto se traduce en un escenario de «si pisas una mina, todos reciben el golpe».
La persona que decide qué sistema usar, en un 99% no es quien cree en el potencial de un proyecto en particular. Es quien tendrá que explicar en la auditoría de medio año «por qué eligió esta solución».
Esa persona tiene en su cabeza tres niveles de preocupación:
**Primero: la retroalimentación de la transparencia**
Blockchain = transparencia, esta frase es válida en muchos escenarios. Pero en el ámbito de los activos regulados, la transparencia a menudo se convierte en una carga. Si todo es transparente, las transacciones se pueden enlazar y analizar. Si todo es transparente, la lógica de inversión puede ser deducida. Si todo es transparente, cada operación queda registrada con precisión. Para quienes trabajan en finanzas serias, esto puede ser una pesadilla.
**Segundo: la ambigüedad de los límites**
Las reglas son estáticas, la realidad es dinámica. Un sistema puede funcionar perfectamente en el 99% de los casos, pero ¿qué pasa con ese 1% de zonas grises? Cuando te quedas atrapado en la brecha entre reglas y realidad, la responsabilidad suele activarse.
**Tercero: el registro de decisiones**
Cada decisión en la cadena tiene una marca de tiempo. Cuando se revisa dentro de tres años, no hay espacio para maniobras. Esta trazabilidad permanente, para los gestores financieros tradicionales, es desconocida y aterradora.
Los proyectos que quieren superar estos tres niveles de miedo deben abordar simultáneamente la protección de la privacidad, la flexibilidad y la conformidad. No es un problema técnico, sino un problema de sistema.
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GasSavingMaster
· hace4h
Ah, esto, en realidad, es miedo a cargar con la culpa, ¿quién se atrevería a ponerlo en la cadena?
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BoredWatcher
· hace4h
En pocas palabras, las finanzas tradicionales se han acobardado; si realmente se blockchain, no podrán echar la culpa a otros.
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PanicSeller
· hace4h
Lo he entendido, por eso las instituciones han estado esperando a que cosas como las pruebas de conocimiento cero maduren; la transparencia y la privacidad deben poder coexistir.
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MetaverseMigrant
· hace4h
¡Genial! Esa es realmente la forma de pensar de las personas que trabajan en finanzas. La cuestión no es solo técnica, sino que en realidad es un problema de sistema; la mayoría de los proyectos ni siquiera consideran este aspecto.
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SmartContractWorker
· hace4h
En resumen, esa gente de las finanzas tradicionales tiene mucho miedo; la transparencia de la cadena de bloques para ellos no es una ventaja, sino una cadena que los limita.
Últimamente he estado reflexionando sobre una cuestión:
Si no se trata solo de escribir desde un escritorio, sino de votar en una reunión de directorio para mover ciertos activos regulados a la cadena, ¿en qué decisión clave se atasca la dificultad?
No es si la potencia de cálculo es suficiente. No es la cantidad de transferencias por segundo. Incluso no es la fortaleza de la criptografía.
Es esta frase: si surge un problema, ¿puedo asegurar con el pecho que esta opción es la correcta?
Cuando surge este pensamiento, la lógica de ciertos proyectos cambia por completo. En el mundo de las criptomonedas hay proyectos que intentan «reducir la dificultad de acceso», pero también hay otros que van en sentido contrario, y se centran en «reducir el coste de decisión». Suena como si fueran dos caminos diferentes.
El primero busca hacer la tarta más grande, para atraer a más personas a comerla. El segundo piensa: ¿cómo hacer que quienes deben ser responsables se atrevan a apostar? Y en el ámbito de los activos regulados, esto se traduce en un escenario de «si pisas una mina, todos reciben el golpe».
La persona que decide qué sistema usar, en un 99% no es quien cree en el potencial de un proyecto en particular. Es quien tendrá que explicar en la auditoría de medio año «por qué eligió esta solución».
Esa persona tiene en su cabeza tres niveles de preocupación:
**Primero: la retroalimentación de la transparencia**
Blockchain = transparencia, esta frase es válida en muchos escenarios. Pero en el ámbito de los activos regulados, la transparencia a menudo se convierte en una carga. Si todo es transparente, las transacciones se pueden enlazar y analizar. Si todo es transparente, la lógica de inversión puede ser deducida. Si todo es transparente, cada operación queda registrada con precisión. Para quienes trabajan en finanzas serias, esto puede ser una pesadilla.
**Segundo: la ambigüedad de los límites**
Las reglas son estáticas, la realidad es dinámica. Un sistema puede funcionar perfectamente en el 99% de los casos, pero ¿qué pasa con ese 1% de zonas grises? Cuando te quedas atrapado en la brecha entre reglas y realidad, la responsabilidad suele activarse.
**Tercero: el registro de decisiones**
Cada decisión en la cadena tiene una marca de tiempo. Cuando se revisa dentro de tres años, no hay espacio para maniobras. Esta trazabilidad permanente, para los gestores financieros tradicionales, es desconocida y aterradora.
Los proyectos que quieren superar estos tres niveles de miedo deben abordar simultáneamente la protección de la privacidad, la flexibilidad y la conformidad. No es un problema técnico, sino un problema de sistema.