La cara hinchada de Thiago: descifrando la mentira que ocultó una agresión entre amigos en Pinamar

Un adolescente de 16 años llegó al Hospital Bicentenario de Esteban Echeverría con un hematoma cerebral no quirúrgico después de un violento enfrentamiento en la madrugada del sábado en Pinamar. Pero lo que comenzó como una historia de ataque grupal terminó siendo una verdad completamente distinta, descubierta gracias a las cámaras de vigilancia del puerto local. La cara hinchada de Thiago sería el rastro silencioso de un conflicto entre amigos que fue deliberadamente ocultado durante horas.

Un relato que no cerraba: cómo emergió la verdad

Todo comenzó con una versión que parecía clara: un grupo de seis jóvenes había atacado brutalmente a Thiago en el estacionamiento del muelle, alrededor de las 5:30 de la mañana. Según el relato inicial que brindaron tanto la víctima como sus dos acompañantes, los agresores les habrían intentado robar, insultando e intentando golpear. Los padres de Thiago reprodujeron esta versión a los medios con convicción, convencidos de la gravedad de lo ocurrido.

Sin embargo, la investigación comandada por el fiscal Juan Pablo Calderón comenzó a encontrar grietas en la narrativa. Las cámaras de seguridad del muelle no registraban a ninguno de esos supuestos atacantes. Una ausencia que resultaría ser la clave para llegar a la verdad.

La confesión: cuando desapareció la patota fantasma

Fue en el centro de monitoreo donde todo cambió. Los menores fueron confrontados con imágenes de la madrugada para intentar identificar a los agresores. En ese momento, el adolescente de 14 años terminó admitiendo que la patota nunca había existido. Bajo la presión de las evidencias visuales y la realidad de lo registrado, confesó que había sido su compañero de 17 años quien golpeó brutalmente a Thiago mientras él solo observaba.

Según la reconstrucción posterior de los hechos, los tres jóvenes habían acompañado a los padres de Thiago a pescar al muelle. Mientras los adultos se dirigieron a la zona de pesca, los adolescentes decidieron quedarse en el auto. Los dos menores abandonaron el vehículo para pasear por el centro, donde aparentemente consumieron alcohol. Al regresar, desencadenaron una discusión cuyas causas exactas aún permanecen bajo investigación, resultando en la agresión contra Thiago.

“No veíamos a los jóvenes que los habían agredido. Ahora sabemos que el grupo no existía y por eso no lo podíamos encontrar”, explicó Calderón a los medios. El descubrimiento marcó un punto de inflexión: la cara hinchada de Thiago no era resultado de una banda organizada, sino de una riña entre amigos que fue deliberadamente tergiversada.

La perspectiva familiar: entre la confusión y la decepción

Lucía, la madre de Thiago, había relatado inicialmente a los medios que su hijo le contó haber sido víctima de insultos racistas y golpes de un grupo de jóvenes desconocidos. “Apareció un grupo de seis bestias y empezaron a insultarlos,” había sido su relato. Sebastián, el padre, también brindó detalles sobre cómo presuntamente intentaron robar a los menores.

Cuando la verdad emergió, la reacción del padre fue de profunda decepción. “Me quiero morir. No tengo palabras. Estoy decepcionado de ellos,” dijo mientras lidiaba con la noticia de que sus amigos de toda la vida, vecinos que había visto crecer desde el nacimiento, eran los responsables de la agresión. Sebastián explicó que los tres jóvenes eran “del barrio, vecinos, de al lado de casa” y que él los conocía desde pequeños.

Según el relato del padre tras conocer la verdad, los jóvenes mencionaron que “estaban jugando de manos” cuando la situación se salió de control y “se les fue la mano,” resultando en la cara hinchada y el hematoma cerebral que requirió hospitalización inmediata.

El cierre de la investigación: preguntas sin respuesta

El fiscal Calderón reconoció que el desencadenante exacto de la agresión permanece sin respuesta clara. Lo que sí quedó evidenciado es cómo una mentira construida conjuntamente por tres menores logró mantener a las autoridades investigando en dirección equivocada, mientras un adolescente permanecía hospitalizado con lesiones graves.

La cara hinchada de Thiago continúa siendo la evidencia más clara de un episodio que reveló fracturas profundas entre amigos y plantea interrogantes sobre por qué los menores decidieron mentir durante las primeras horas de investigación.

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