¿Tratarías con el diablo?


Cada niño alemán tiene que leer Faust en la escuela secundaria. En ese momento, la mayoría de nosotros nos quejamos. Hoy, estoy agradecido por ello.
Porque pocos libros envejecen tan bien como lo que Johann Wolfgang von Goethe escribió durante casi sesenta años.
La obra comienza con un erudito solo en la noche. Libros por todas partes. Instrumentos. Prueba de dominio.
Y él dice:
“He estudiado filosofía, derecho, medicina, e incluso teología… y aquí estoy, un tonto, no más sabio que antes.”
Faust no es ignorante. Está sobreeducado.
Ha absorbido el sistema intelectual de su tiempo. La Ilustración prometía claridad a través de la razón. Si estudiamos lo suficiente, medimos lo suficiente, categorizamos lo suficiente, el mundo tendrá sentido.
Sin embargo, cuanto más aprende Faust, menos coherente parece todo. No le falta información. Le falta orientación.
Por eso va más allá de la ciencia. No porque la ciencia sea falsa, sino porque no puede responder a la pregunta más profunda: ¿qué mantiene unido al mundo en su núcleo?
Goethe empezó a escribir Faust en sus veinte y lo terminó en sus ochenta. Esto no era solo literatura. Era una lucha de toda la vida con la modernidad misma.
Y aquí está la razón por la que se siente dolorosamente actual.
Vivimos en un mundo más complejo de lo que Goethe podría haber imaginado. Sistemas financieros superpuestos a abstracciones. Algoritmos que moldean la percepción. IA que produce insights a velocidad sobrehumana. Interdependencia global que ningún solo cerebro puede comprender completamente.
Sabemos más que cualquier generación anterior a nosotros.
Y, sin embargo, más personas se sienten perdidas.
Las instituciones son opacas. Los incentivos invisibles. La experiencia se multiplica mientras la confianza disminuye. Los datos explotan, el significado se fragmenta.
La desesperación de Faust no era por falta de respuestas.
Era por ahogarse en respuestas parciales.
La apuesta con el diablo, Mefistófeles, no es solo por placer. Es por agotamiento. Si existe un momento tan satisfactorio que el esfuerzo puede detenerse, el alma está perdida.
Esforzarse es la condición de ser humano.
La tentación moderna no es un diablo con cuernos.
Es la comodidad de desconectarse: Es demasiado complejo. "Externalizaré mi pensamiento. Solo seguiré la voz más fuerte."
El mundo puede ser demasiado complejo para dominarlo. Pero negarse a luchar con él es la verdadera rendición. Por eso estoy agradecido de que tuviéramos que leerlo.
No porque fuera fácil.
Sino porque te prepara para un mundo que rara vez tiene sentido y exige que sigas esforzándote de todos modos.
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