Muchas personas están acostumbradas a dividir la historia de China en Tang, Song, Yuan, Ming y Qing, pero desde la perspectiva de las instituciones y la estructura de poder, en realidad se puede dividir en dos etapas: antes de Qin y después de Qin. Antes de Qin, era una estructura de poder multilateral. El Emperador, los señores feudales y los grandes funcionarios tenían niveles de autorización y control mutuo, en esencia, más parecido a un “orden contractual”. El poder no era ilimitado, existían límites. Si el orden se desequilibraba, las personas podían abandonar, resistir e incluso volver a elegir su pertenencia. En este entorno, el pensamiento también mostraba una alta independencia.



Era una época en la que “las personas podían pensar como sujetos”. Como Zhuangzi que podía burlarse de los reyes y señores, Mencio que podía proponer “el pueblo es más valioso que el gobernante”, Mozi que podía recorrer los estados por sus ideas. No eran meros vasallos del poder, sino que exploraban la lógica del funcionamiento del mundo. El pensamiento se desarrollaba en competencia, formando una verdadera “cien escuelas en disputa”. En cierto sentido, esta podría ser una de las pocas épocas de incremento del pensamiento en la civilización china.

Pero con Qin, especialmente después de las reformas de Shang Yang y la unificación por Qin Shi Huang, la estructura de poder sufrió una transformación fundamental. La multilateralidad fue destruida, el poder se concentró en un solo centro, formando una estructura unificada con el emperador en el centro. Desde entonces, las instituciones enfatizaron más el control y la obediencia, en lugar del contrato y los límites.

Bajo esta estructura, el papel de las personas también cambió: los “caballeros” que originalmente tenían cierta independencia, gradualmente se convirtieron en burócratas dependientes del poder; los individuos con cierto espacio de movilidad, pasaron a ser integrados en el sistema como “ciudadanos registrados”. Cuando el pensamiento debe obedecer al poder, la lógica tiende a degenerar en una interpretación y complacencia con el poder, en lugar de una exploración del mundo en sí mismo.

Por lo tanto, desde esta perspectiva, las dinastías posteriores como Tang, Song, Yuan, Ming y Qing, en realidad representan ciclos y reemplazos dentro de la misma estructura subyacente. Los años cambian, las dinastías se suceden, pero la lógica de funcionamiento del poder no ha cambiado fundamentalmente: sigue siendo altamente centralizada, prioriza el orden sobre el individuo, y favorece más la competencia en el stock que la competencia abierta.

Si se entiende así, la historia de China quizás no sea solo una historia de cambios dinásticos, sino una delimitación entre dos lógicas institucionales diferentes: una era de pluralidad, competencia y apertura; y otra, un sistema concentrado, estable y continuista.
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