Acabo de enterarme de una historia que me dejó pensando. Marcus Smith, uno de los mejores jugadores de rugby de Inglaterra, juega cada partido con unos pantalones cortos de la suerte debajo del uniforme que tienen una bandera mitad filipina, mitad inglesa. No es un detalle menor. Es su forma de recordar de dónde viene.



Este tipo nació en Filipinas, en Parañaque, con madre filipina y padre inglés. Se mudó a Reino Unido a los 13 años y hoy es una estrella en Harlequins, jugando como fly-half. Debutó con solo 18 años, lo que lo convierte en uno de los más jóvenes en la historia de Premiership Rugby. En 2023 estuvo en la Copa del Mundo de Rugby representando a Inglaterra.

Pero lo que más me llamó la atención es cómo Marcus Smith mantiene vivas sus raíces. Dice que cada vez que pisa el campo, recuerda dónde tomó por primera vez una pelota de rugby: en Manila. Eso es algo profundo. No es solo nostalgia, es identidad.

Su madre, Suzanne, inculcó en él y en sus hermanos (Tomas y Luc, que también juegan rugby internacionalmente) un sentido de familia primero. Todos crecieron en Manila Nomads, el club más antiguo del país, jugando no solo rugby sino también basquetbol. Esa mentalidad de unión que aprendió en Filipinas es la que Marcus Smith aplica en el campo. Dice que el rugby es el juego de equipo definitivo, y eso tiene sentido viniendo de alguien criado en una cultura que valora la comunidad.

Lo interesante es que durante los partidos de Marcus Smith en Inglaterra, su mamá lleva a seguidores filipinos a las gradas con comida casera. Empezó como un pequeño grupo y ahora es una comunidad. Él los reconoce, los llama ate y kuya, y se enorgullece de ese apoyo. Dice que es un sentimiento reconfortante verlos entre la multitud.

Ahora Marcus Smith es consciente de que lleva la cultura filipina a un escenario mundial. Comparte su herencia con compañeros de Australia, Sudáfrica, Argentina. Según él, todos quieren visitar Filipinas ahora. No es solo un atleta brillante, es un embajador de su gente. Y cuando se le pregunta sobre jugar para Filipinas en el futuro, deja la puerta abierta. Dice que eso es un sueño. La verdad es que historias como la de Marcus Smith merecen más atención. No es solo sobre ganar partidos, es sobre mantener viva tu identidad sin importar dónde juegues.
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