La adopción de tecnología depende de las personas, no solo de los algoritmos. Incluso el modelo más sofisticado se vuelve inútil si los usuarios no lo prueban, no confían en él o no tienen motivo para cambiar su forma de trabajar. Es así de simple. Una IA revolucionaria no es nada sin la aceptación de los usuarios. El cambio de comportamiento es el verdadero cuello de botella, no el desafío técnico, sino el humano. Hasta que las personas vean el valor y decidan actuar de manera diferente, cualquier sistema avanzado simplemente estará allí, acumulando polvo.
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